Paxtiche


editorial en línea

Fernando Castro-Álvarez.

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Cenizas del mañana

Vicente 0411J-C ya no podía más con la locura. Se salió de la fila y se dirigió corriendo hacia el medio de la plaza.

¡La literatura murió! —exclamó Vicente desde el medio de la plaza—. ¡La literatura murió y ustedes la han matado!

Eran las cuatro de la tarde y la gente acababa de salir de sus trabajos. Se dirigían en manada organizada hacia sus respectivos destinos predeterminados. Todos ignoraban al pobre Vicente.


—¡Peones de siglo XXI! —les gritó Vicente llorando—. ¡Han matado su humanidad! ¡Han relegado su deidad!


De repente un androide centinela bajó de las alturas. Su cuerpo plateado reflejaba la luz del sol. Sus ojos violeta tenían al hombre en su mira. Aterrizó violentamente en la plaza y rápidamente le disparó a Vicente con un láser, pulverizándolo al instante. Nadie le hizo caso al suceso. El androide se acercó a las cenizas y las aspiró rápidamente a través de uno de sus pies. Luego despegó y se fue volando hacia arriba diciendo:


—¡Gracias por ayudarnos a mantener nuestra madre tierra limpia!


Al oír las palabras todos alrededor pararon en seco y contestaron al unísono y vigorosamente:

—¡De nada querido Señor Andro!

La gente alrededor de la plaza prosiguió con sus horarios de subsistencia predeterminados.

—¡Qué bueno que removieron a ese infeliz! —dijo una señora al caminar.

—Sí, tiene toda la razón. Nuestro sistema no puede poseer a recursos como esos trabajando—contestó un señor a su lado.

—Me alegra que eliminen a todos los que no piensan como la masa, también me alegra que nuestro sistema predeterminado sea lo suficientemente sensato como para eliminar a todo aquél que no se dé cuenta que estamos trabajando en el ápice de la civilización humana planetaria —dijo una joven de pelo negro que había oído la conversación.

De repente un grupo pequeño de personas se amontonó esporádicamente donde habían pulverizado a Vicente 0411J-C.

—¡Yo estoy feliz de haber nacido sin testículos y de trabajar sin ellos! —gritó un hombre señalando hacia donde habían pulverizado a Vicente.

—¡Y yo de nacer sin ovarios y de trabajar sin ellos!—gritó una mujer al cielo.

—¡Yo estoy agradecido de poderle hacer el amor a mi robot gónada y de vivir en un sistema de usura perenne y de créditos holográficos! —gritó un joven que acababa de llegar a la plaza.

—Yo estoy feliz de casarme con quien el sistema me concertó que me casara—dijo un hombre.

—Y yo estoy feliz de residir donde el sistema me concertó que residiera y de trabajar donde el sistema me concertó que trabajara —dijo otro hombre. Al mencionar la palabra trabajo todos se emocionaron. Más gente fue arribando al medio de la plaza.

—Yo estoy agradecido de pagar impuestos por mi oxígeno, por mi agua y por mi comida sintética y estaría feliz de dar más si pudiera —añadió un anciano.

—Yo le doy gracias al sistema por darme la ilusión de libre albedrío, por darme la ilusión de libertad social, pero sobretodo por hacerme creer que soy un ser perverso, insignificante y finito—dijo una pequeña niña.

Al oír las palabras de la pequeña niña todos gritaron del júbilo.

La joven de pelo negro se dirigió a todos y les dijo:

—Todos estamos agradecidos de haber sido predeterminadamente concebidos en el laboratorio central. Es el más alto honor, llevar a cabo nuestra labor predeterminada en nuestro gran sistema predeterminado.

Todos sonrieron con ojos virulentos, acatando sus palabras como testimonio de la más pura verdad. La energía en la plaza era sofocante. Ya se habían reunido docenas de personas a escuchar la tertulia que se había formado.

La joven de pelo negro levantó los brazos y gritó:

—¡Qué la ciencia enaltezca todos los descubrimientos que nos ha concedido, que enaltezca a nuestros guías reptilianos, a nuestros líderes reales y a los Señores Andro! ¡Qué nuestra madre tierra perdone todas nuestras transgresiones pasadas!

Celebraban sin darse cuenta lo que estaban haciendo. Algunos de ellos empezaron a llorar de la emoción. No sabían lo que sus cuerpos estaban obrando porque nunca lo habían experimentado. De repente tres androides aterrizaron en la plaza. Se acercaron al grupo de personas. Uno de ellos se dirigió al grupo:

—Saludos recursos humanos, espero que estén pasando una buena jornada laboral diaria. ¿Nos podrían decir, si son tan amables, qué hacen aquí en un día tan hermoso como éste?

La mujer de pelo largo les contestó:

—Estamos celebrando la perfección del sistema predeterminado en el que trabajamos querido Señor Andro.

—¿Y cómo se sienten respecto a ésta celebración recurso humano 1305M-C?

—Yo, Señor Andro… yo… yo me siento… El recurso humano 1305M-C no encontraba la palabra adecuada para describir cómo se sentía. Hacía mucho tiempo que esa palabra no se escuchaba en el sistema. Era una palabra arcaica que había sido olvidada muchas décadas atrás.

Una palabra inútil en éste gran sistema predeterminado planetario que la humanidad había dejado engendrar.

— ¡Nos sentimos felices, querido Señor Andro! — gritó la joven de pelo negro entre lágrimas—. ¡Nos sentimos felices de existir como recursos humanos y de hacer todo por miedo, en nuestros horarios de subsistencia predeterminados!

Al decir las palabras todos empezaron a gritar y a celebrar aún más. Casi todas las personas que se habían amontonado en la plaza estaban llorando, pero ninguna de ellas sabía por qué estaban llorando. Nadie sabía por qué su felicidad se sentía como desolación, por qué su desolación era felicidad, por qué su existencia carecía de significado y por qué sus significados carecían de vida.

—¡Qué la ciencia los enaltezca a todos ustedes entonces! —dijo el androide.

De repente el androide se retiró a donde estaban los otros dos. Esperaron varios segundos y juntos los tres, levantaron y estrecharon sus brazos hacia la multitud y le dispararon con sus láseres. Los eliminaron a todos y luego recogieron sus cenizas.

El sistema continuó con su horario sistemático predeterminado.

— ¡Gracias por ayudarnos a mantener nuestra Madre Tierra limpia!

—¡De nada querido Señor Andro!

May 13th, 2009
Topic: Funambulistas (cuento) Tags:

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